La transición hacia ciudades, edificaciones e infraestructuras más sostenibles está transformando la manera en que diseñamos, construimos, operamos y habitamos nuestros territorios. Al mismo tiempo, está generando cambios en los empleos, las capacidades, las cadenas de suministro y las economías locales.
Sin embargo, una transformación sostenible no puede medirse únicamente por la reducción de emisiones o por la eficiencia de un edificio. También implica preguntarnos quiénes participan en estos procesos, quiénes se benefician de ellos y cómo se distribuyen las oportunidades y los beneficios que generan.
Esta es la perspectiva que aborda la más reciente publicación del World Green Building Council (WorldGBC) sobre el valor compartido de una transición justa, en la que Colombia participó y realizó aportes desde la experiencia del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS).
¿Qué entendemos por una transición justa?
Una transición justa busca que el camino hacia una economía y un entorno construido más sostenibles incluya a las personas y comunidades que hacen parte de esta transformación.
Esto implica acompañar la evolución de los empleos y las capacidades, fortalecer las economías locales, generar nuevas oportunidades e incorporar las necesidades y conocimientos de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios.
Desde la perspectiva del entorno construido, poner a las personas en el centro puede generar valor en diferentes dimensiones:

- Personas que prosperan: En un sector golpeado por la escasez de talento, las constructoras que apuestan por salarios dignos, formación continua y la protección de sus trabajadores no solo retienen a empleados más leales y productivos, sino que también reducen costos y construyen cadenas de suministro más resilientes.
- Valor económico: Las empresas y los proyectos que priorizan los derechos humanos, la eficiencia de los recursos y a las comunidades logran mayor retorno sobre activos, ocupación más alta y mayor valorización a largo plazo, e impulsan las economías locales en un ciclo de valor compartido que beneficia a empresas, trabajadores y vecinos por igual.
- Abrir nuevas oportunidades de inversión: Empresas y proyectos capaces de atraer capital vinculado a criterios ambientales y sociales y generar nuevas posibilidades de financiación.
- Preparación frente a cambios regulatorios: organizaciones y proyectos mejor preparados para responder a nuevos estándares y requerimientos.
- Menores riesgos operativos: El diálogo temprano y abierto con las comunidades evita conflictos y retrasos, reduce costos y por tanto mejora el retorno de la inversión.
- Confianza y reputación: Las empresas que demuestran avances verificables hacia una transición justa ganan credibilidad, atraen talento, socios e inversión, y construyen relaciones duraderas basadas en la confianza.
En el centro de estas dimensiones hay una idea común: una transición sostenible también debe generar bienestar y oportunidades para las personas.
Colombia: cuando la comunidad está en el centro del diseño
La experiencia de Miiroku, en La Guajira, es uno de los casos incluidos en la publicación del WorldGBC y muestra cómo estos principios pueden llevarse a la práctica.
Tras el paso del huracán Julia en 2022, Miiroku desarrolló un proyecto de vivienda resiliente que se hizo de la mano con familias Wayuu y líderes locales. El proyecto entregó 30 viviendas, diseñadas y construidas de manera colaborativa con la comunidad e incorporando soluciones adaptadas a las condiciones climáticas y culturales del territorio.
Entre estas soluciones se encuentran sistemas de captación de agua lluvia, energía solar, estufas eficientes, diseño bioclimático que permite reducir entre 2 y 4 °C la temperatura interior. En este sentido, el proyecto desarrolló una innovación técnica denominada “bahareque metálico”, que combina una estructura en steel framing con un recubrimiento en tierra, retomando una práctica constructiva ancestral del pueblo Wayuu. Esta solución permite garantizar la estabilidad estructural y, al mismo tiempo, aprovechar un material ampliamente disponible en el territorio, conocido por la comunidad y con buenas propiedades térmicas. Además, el 70% de los materiales fueron obtenidos localmente.
Pero el valor del proyecto va más allá de sus soluciones técnicas. 135 integrantes de la comunidad participaron en los procesos de construcción, mientras que mujeres Wayuu tuvieron un papel activo en las decisiones de diseño, incorporando formas de habitar propias de su cultura, como las hamacas, las cocinas exteriores y el diseño de los patrones de las puertas y las fachadas, inspirados en los tejidos tradicionales Wayuu, llevando al diseño arquitectónico elementos propios de su identidad y conocimiento cultural.
Diseñar con la comunidad, no solamente para la comunidad
Este caso permite comprender una diferencia fundamental. Una solución puede ser técnicamente eficiente y, al mismo tiempo, no responder completamente a las necesidades de las personas que la habitan.
En Miiroku, las condiciones climáticas, las prácticas culturales, los conocimientos locales y la participación de la comunidad hicieron parte integral del proceso de diseño y construcción.
La resiliencia, en este sentido, no se limita a la capacidad física de una vivienda para enfrentar un evento climático. También está relacionada con la capacidad de las personas y comunidades para participar, adaptarse y fortalecer sus propias condiciones de bienestar.
El valor compartido de una transición justa
Hablar de transición justa no significa simplemente agregar un componente social a los proyectos de sostenibilidad. Significa ampliar la manera en que entendemos el valor que estos proyectos pueden generar.
La pregunta que debemos hacernos es ¿cómo lograr que la transformación hacia un entorno construido más sostenible también sea una oportunidad para las personas y los territorios?
La respuesta requiere nuevas formas de diseñar, financiar, construir y tomar decisiones. Implica reconocer el conocimiento local, desarrollar capacidades, fortalecer alianzas y generar mecanismos para que las comunidades sean participantes activos de las transformaciones que ocurren en sus territorios.
Una transición justa no es solamente hacia dónde queremos llegar. También importa cómo llegamos allí y quiénes hacen parte del camino.
Descubre la publicación del World Green Building Council y conoce más sobre cómo poner a las personas en el centro de la transición puede generar valor para las comunidades, los trabajadores, las empresas y el planeta. https://worldgbc.org/shared-value-of-a-just-transition/



