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Electrificación como ruta para la descarbonización

La electrificación es una de las vías más rápidas y prácticas para la descarbonización de los edificios. La transición a sistemas totalmente eléctricos en los edificios permite eliminar el uso de combustibles fósiles y sus correspondientes emisiones, que actualmente son responsables del 26% de las emisiones globales[1].

Para lograr las metas de Acuerdo de Paris, y lograr una economía Neto Cero Carbono, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) establece que, junto con la eficiencia energética, se espera que las medidas de electrificación representen casi el 70% de la reducción de emisiones relacionadas con los edificios para 2050[2]. Por lo tanto, la electrificación es esencial para alcanzar los objetivos que se ha trazado el mundo, y en la misma línea Colombia.

Sin embargo, las medidas de electrificación no son una solución universal y deben tener en cuenta las realidades y barreras locales. Superar los desafíos de la electrificación, desde los tecnológicos y de capacidad de la red, hasta los socioculturales, es clave para la transición energética. En este sentido, el World Green Building Council (WorldGBC) ha lanzado su más reciente informe «Powering the Transition: Building Electrification«, una guía para empresas y legisladores que quieran trabajar por la descarbonización de los activos inmobiliarios.

Uno de los puntos más destacados de esta publicación es el protagonismo de Colombia, cuyo progreso ha sido liderado estratégicamente por el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS). Gracias al trabajo conjunto con el gobierno nacional, Colombia se posiciona como un referente en la definición de metas ambiciosas y alcanzables para la región.

El informe detalla cómo desde la Hoja de Ruta Nacional de Edificaciones Neto Cero Carbono, se plantean unas metas e hitos clave para el país en términos de eficiencia energética, electrificación y uso de energías limpias, como:

  • Para 2030: El objetivo es que las edificaciones existentes alcancen entre un 70% y 80% de electrificación en usos finales como cocina y calentamiento de agua. Además, el 100% de las viviendas nuevas de estratos altos y edificios comerciales en zonas urbanas deberán ser totalmente eléctricos.
  • Para 2040: Se proyecta que el 35% de los edificios nuevos cuenten con paneles solares instalados, elevando la cuota de electricidad del sector al 72%.
  • Hacia 2050: Colombia apunta a que el 94% del consumo energético del sector sea eléctrico, logrando la electrificación total de la cocción y el calentamiento de agua en zonas urbanas, complementado con una matriz donde el 50% de los edificios nuevos generen energía solar in situ.

Además, esta guía ofrece una visión integral sobre los beneficios de la electrificación:

  1. Económicos: Reducción de costos operativos, mayor seguridad energética, atracción de nuevos inversionistas y arrendatarios y creación de empleos verdes.
  2. Sociales y de Salud: La sustitución de sistemas de gas por eléctricos mejora drásticamente la calidad del aire interior y la seguridad al interior de las edificaciones.
  3. Resiliencia: La integración de edificios con redes inteligentes y energías renovables permite que las construcciones actúen como «prosumidores», aportando estabilidad a la red eléctrica nacional.
  4. Ambientales: Reducción de emisiones a la atmósfera.

La publicación también integra diversos casos de éxito internacionales que dan cuenta de estos múltiples beneficios. Algunos de estos son el Centro Médico del Campus Irvine de UCI Health (Universidad de California, Irvine) es el primer hospital totalmente eléctrico de EE. UU estableciendo un nuevo referente de entornos saludables y sostenibles para la atención médica; El Empire State Building en Nueva York realizó un proceso de retrofit innovador que logra la reducción energética en un 42%, demostrando que la electrificación en rascacielos es posible y rentable;  la planta siderúrgica de Abu Dabi de Arabian Gulf Steel Industries (AGSI) electrificó 100% sus operaciones, alimentado con energías renovables, siendo el primer ejemplo de este enfoque a tal escala en la región MENA. Estos y otros ejemplos que se plasman en la publicación envían un mensaje claro: la tecnología para electrificar y descarbonizar los edificios ya existe y es económicamente viable.

[1] Energy Transition Commission (2025), Achieving Zero-Carbon Buildings: Electric, Efficient and Flexible

[2] International Energy Agency (IEA) (2021), Net Zero by 2050: A Roadmap for the Global Energy Sector

Estas colaboraciones han permitido construir una base sólida de conocimiento y acción, que no solo impacta a las comunidades locales, sino que también ofrece insights valiosos para otros países en América Latina. Los logros obtenidos en Colombia han demostrado ser un modelo replicable, ofreciendo lecciones y estrategias que pueden ser adaptadas y adoptadas por naciones en todo el continente, convirtiéndose en faros de sostenibilidad.

Durante el año 2025, también tuvimos la oportunidad de respaldar dos estudios de gran relevancia y dimensión. El primero se enfocó en la región en general, bajo el título «Más Valor, Mejor Desempeño«, y el segundo se centró específicamente en Colombia, denominado «Riesgos y Análisis de Doble Materialidad«. Estos estudios no solo son herramientas valiosas para quienes buscan comprender más profundamente el impacto de las prácticas sostenibles en el sector de la construcción, sino que también proporcionan datos y análisis fundamentales para orientar decisiones futuras y políticas públicas.

En uno de estos documentos detallados, se descubrió que el 72% de los proyectos informaron ahorros significativos en el consumo de energía y agua. Además, el 50% de las iniciativas experimentaron un aumento notable en la rentabilidad, gracias a operaciones más eficientes y responsables desde el punto de vista ambiental. Estos hallazgos no solo subrayan la rentabilidad económica de las estrategias sostenibles, sino que también demuestran el poder transformador de tales prácticas en el sector de la construcción y su potencial para contribuir a economías locales más robustas.

La capacidad de atraer inversores también se ha visto significativamente fortalecida. Los datos muestran que el 83% de los proyectos confirmaron que la certificación sostenible facilitó de manera notable las relaciones con clientes corporativos que operan bajo criterios ASG (Ambiental, Social y de Gobernanza). Ofrecer a los inversores una forma confiable de reducir riesgos financieros y no financieros es esencial para fortalecer la resiliencia organizacional y fomentar una economía más sostenible y estable.

Por otro lado, el 70% de los proyectos reportó mejoras considerables en la salud y el confort de los usuarios finales. Esto es una prueba clara de que las estrategias sostenibles y el uso de tecnologías avanzadas, como la calidad mejorada del aire y el confort térmico, pueden realmente fortalecer la competitividad del sector. La adopción de sistemas inteligentes y adaptativos no solo mejora la experiencia de los usuarios, sino que también establece un nuevo estándar de calidad para los espacios habitados, impulsando así la innovación continúa en el diseño y uso de edificaciones.

Colombia ha surgido como un referente destacado en el ámbito internacional, especialmente en lo que respecta a la implementación de metodologías de diseño, construcción, operación y tecnologías para mejorar la eficiencia y sostenibilidad en los edificios. Este logro ha sido coordinado de manera eficaz por el Green Business Certification Inc. (GBCI). Mi rol dentro del GBCI me ha permitido liderar de manera activa y decidida el desarrollo de negocios en esta área, contribuyendo a difundir y establecer prácticas sostenibles en todo el sector de la construcción.

El análisis de doble materialidad, cuidadosamente liderado por el CCCS, es fundamental para fortalecer estrategias de sostenibilidad en la industria de la construcción en Colombia. Este enfoque no solo aporta beneficios al contexto local, sino que también proporciona un marco que puede ser replicado de manera efectiva en toda América Latina. La evolución regulatoria es acelerada y, a través de normativas precisas, se están impulsando mejores prácticas de gobernanza corporativa, fomentando un cambio en el paradigma de responsabilidad empresarial.

Permite identificar y mitigar riesgos globales, como inflaciones persistentes y fenómenos meteorológicos extremos. La industria sigue siendo uno de los mayores consumidores de materias primas, destacando la urgencia de adoptar un modelo de economía circular. Hemos utilizado investigación primaria y secundaria para identificar impactos y tomar decisiones efectivas.

Se Identificaron nueve temas críticos: gestión de residuos, financiamiento verde y transición energética, fundamentales para mejorar la resiliencia del sector y guiar estrategias hacia un crecimiento sostenible. Estos hallazgos son relevantes más allá de Colombia, permitiendo mitigar riesgos y maximizar oportunidades en América Latina.

Proyectamos que para 2026 el 60% de los nuevos proyectos de construcción en América Latina se realicen bajo estándares sostenibles y verificables. Esta meta implica escalar nuestro impacto igualmente en edificaciones existentes y fortalecer nuestro enfoque como líderes de pensamiento e innovación en el segmento global de edificaciones. Es crucial renovar las ciudades para minimizar la generación de emisiones de carbono y preparar las edificaciones para eventos extremos, generados tanto por el cambio climático como por el hombre, que ya experimentamos en Latam. El éxito regional requiere políticas locales robustas para reducir emisiones de carbono, mejorar la resiliencia climática y fomentar capacidades tecnológicas y educativas. Adaptar el enfoque de doble materialidad a normativas de cada país y fomentar sinergias entre entidades públicas y privadas es imprescindible.

La experiencia acumulada por nuestra organización ofrece un camino prometedor para América Latina. Alinear esfuerzos es crucial para avanzar hacia un desarrollo sostenible compartido. Este impulso hacia la sostenibilidad enriquecerá nuestros entornos y comunidades, sentando un precedente para un cambio positivo y duradero. América Latina puede y debe ser pionera en un desarrollo más responsable, resiliente y equitativo.

Conoce la publicación completa, en worldgbc.org

 

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