Por: Jairo Audor, Especialista Técnico Líder CCCS
En Colombia, la sostenibilidad empresarial está dejando de ser un asunto reputacional. Ya no basta con publicar un informe lleno de programas, fotos, cifras aisladas o buenas intenciones. La pregunta realmente importante es otra: ¿cómo la sostenibilidad afecta la estrategia, los riesgos, la financiación, la competitividad y la permanencia del negocio?
El país ya tiene señales claras. La Superintendencia de Sociedades incorporó recomendaciones para la presentación de reportes de sostenibilidad en el Capítulo XV de su Circular Básica Jurídica, promoviendo el uso de estándares internacionales. A su vez, la Superintendencia Financiera ha avanzado en lineamientos de finanzas sostenibles, asuntos ASG, SARAS (administración de riesgos ambientales, sociales, y climáticos) y Taxonomía Verde. Esto muestra que la sostenibilidad ya no se limita a las áreas de comunicaciones, ya hace parte de la conversación financiera, regulatoria y estratégica.
Sin embargo, el gran riesgo es confundir reporte con gestión. Muchas empresas aún presentan la sostenibilidad como un inventario de actividades: árboles sembrados, personas capacitadas o campañas realizadas. Aunque esta información puede ser útil, no responde las preguntas de fondo: ¿qué riesgos enfrenta la organización?, ¿qué oportunidades está aprovechando?, ¿cómo se ve afectado su modelo de negocio? y ¿qué decisiones está tomando para crear valor en el tiempo?
Aquí es donde los estándares internacionales elevan la exigencia. Las NIIF S1 y S2 del ISSB piden revelar información sobre riesgos y oportunidades de sostenibilidad y gestión climática, que pueda ser útil para inversionistas y financiadores, especialmente en relación con gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, métricas y metas. GRI, por su parte, ayuda a reportar los impactos de la organización sobre la economía, el ambiente y las personas. En otras palabras, una empresa debe mirar dos dimensiones. Por un lado, cómo la sostenibilidad impacta su negocio, y por el otro, cómo su negocio impacta al entorno.
Para el sector constructor colombiano, esta discusión es urgente. No basta con decir que un edificio es sostenible o que un proyecto tiene buenas prácticas. El verdadero valor está en demostrar cómo se gestionan los riesgos climáticos, el uso de materiales con atributos de sostenibilidad, la eficiencia energética, la gestión del agua, la huella de carbono, la relación con comunidades, la seguridad laboral, la cadena de suministro y la resiliencia de los activos.
Colombia avanza en el marco normativo, pero muchas empresas siguen reportando con lógica de cumplimiento mínimo. El reto no es producir más informes, sino producir mejor información. Información comparable, verificable y conectada con la estrategia.
Reportar sostenibilidad ya no debería ser contar lo que la empresa hace bien. Debería ser explicar, con seriedad, cómo se prepara para competir, acceder a capital, gestionar riesgos y crear valor en un contexto donde el clima, la naturaleza, la regulación y las expectativas del mercado ya cambiaron y dejaron de tener un comportamiento tradicional.


