Por Angélica Ospina, directora ejecutiva del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible CCCS
La conversación sobre construcción sostenible suele concentrarse en los proyectos nuevos, pero una parte decisiva del reto urbano está en las viviendas que ya existen. Según la Encuesta de Calidad de Vida 2025 del DANE, el déficit habitacional en Colombia alcanza 25,6% y 19,3 puntos corresponden a déficit cualitativo, es decir, viviendas que requieren intervenciones de mejoramiento y, sobre todo, miles de familias que a diario enfrentan condiciones asociadas a humedad, ventilación deficiente, sobrecalentamiento, consumo ineficiente de agua y energía, deterioro de materiales o espacios que requieren adecuaciones para ser más seguros y habitables.
Este contexto deja un frente clave para atender y la sostenibilidad se presenta como una oportunidad para generar impactos directos sobre la calidad de vida de las personas. En respuesta a esto y desde el propósito de hacer de la vivienda sostenible y saludable una realidad para todas las personas, el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible (CCCS) desarrolló un nuevo esquema como parte del sistema de certificación CASA Colombia, enfocado en Mejoramientos, buscando incorporar y verificar criterios de sostenibilidad en intervenciones de mejoramiento de vivienda existente.
Para la implementación de este modelo, se trabajó una alianza estratégica con la Secretaría Distrital del Hábitat de Bogotá, logrando incorporar estos criterios dentro del programa distrital de subsidios de mejoramiento de vivienda. Es importante destacar que las intervenciones no tienen ningún costo para las familias beneficiarias, son el resultado de un esfuerzo conjunto entre el sector público, privado y otros actores del sector de la construcción. Esta articulación convierte a la iniciativa en un referente pionero en Latinoamérica por su capacidad de llevar estándares técnicos de sostenibilidad a viviendas existentes en contextos de vulnerabilidad.
El modelo incorpora condiciones concretas como el uso de materiales con atributos de sostenibilidad, iluminación eficiente, elementos ahorradores de agua y energía, medidas bioclimáticas y manejo adecuado de residuos de obra. También incluye procesos de capacitación para las familias sobre uso y mantenimiento de la vivienda, buscando que las mejoras puedan sostenerse en el tiempo y generen valor duradero.
Estos criterios permiten evaluar las intervenciones no solo desde la adecuación física de los espacios, sino también desde el desempeño de la vivienda. En sostenibilidad, medir importa porque permite verificar resultados. En este caso, las intervenciones pueden alcanzar ahorros estimados entre el 15% y el 30% en consumos de agua y energía. Para muchos hogares, especialmente en contextos de vulnerabilidad, esto representa una reducción directa en costos de servicios públicos.
El impacto también se extiende a la salud y el bienestar de las familias. Cuando se incorporan criterios como ventilación natural, materiales adecuados o estrategias de confort térmico, se mejoran las condiciones en las que las familias descansan, cocinan, se asean y desarrollan su vida cotidiana. La vivienda influye directamente en la salud, la seguridad y la calidad de vida, por eso incorporar sostenibilidad en programas de mejoramiento habitacional tiene implicaciones que van más allá de la obra física.
Este enfoque tiene además un valor importante para la política pública. Las ciudades que buscan avanzar en resiliencia, adaptación al cambio climático y eficiencia en el uso de recursos necesitan actuar también sobre el entorno construido existente. En ese sentido, Bogotá está dando un paso relevante al proyectar que al menos el 50% de los 2.000 mejoramientos incorporen medidas de sostenibilidad y cuenten con certificación CASA Mejoramientos.
Las primeras entregas de viviendas certificadas en Bogotá demuestran que este modelo puede materializarse en hogares concretos y en intervenciones de escala barrial. También evidencian que la sostenibilidad puede incorporarse en programas sociales con criterios medibles y resultados verificables, sin que ello represente ninguna carga económica para las familias que se benefician de estas mejoras.
Colombia está demostrando que el mejoramiento de vivienda puede ser, al mismo tiempo, una estrategia de sostenibilidad urbana y de equidad social. El reto ahora que seguirá trabajando el CCCS es escalar este tipo de modelos, sumando nuevos aliados, acompañando a más ciudades y fortaleciendo la capacidad de medir y verificar resultados. El objetivo es que lo que hoy es una experiencia pionera se convierta en un estándar replicable para la región.



